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La Nación Versatilidad empresaria: de las Ciencias Físicas y la Internet al campo Alimento original para agregar valor Alicia Bañuelos elabora frutas para untar, un desarrollo que se apoya en el prestigio de la Argentina como productora de materias primas de calidad; apunta a la exportación VALLE DE PANCANTA, San Luis (De una enviada especial).- Alicia Bañuelos se deja llevar por su curiosidad y se lanza a investigar temas tan diferentes como el biocombustible, los pormenores del Protocolo de Kyoto, la producción de arándanos, el comercio internacional de frutas para untar, las especies forestales, los aceites vegetales... La agilidad intelectual y la disciplina de estudio que logró durante su carrera de docente e investigadora del Conicet le permiten hoy virar sin mayores dificultades de una actividad a otra. Alicia es doctora en Ciencias Físicas, pero también se destacó en el mundo de la informática. Entre 1984 y 1985 trabajó para la Secretaría de Educación de la Ciudad de Buenos Aires: dirigió el Laboratorio de Informática Educativa y la investigación sobre el uso de las computadoras en las escuelas primarias. Estuvo a cargo del Programa Nacional de Información y Comunicación para la comunidad científica y tecnológica (Secyt), entre 1989 y 1991. En los siguientes seis años coordinó el Proyecto de Informatización del Ministerio de Economía de la Nación (diseñó el sitio web del organismo, el primero de la Argentina). Después creó su propia empresa: Internet Services SA, que tuvo entre sus clientes a Telecom, Perez Companc, el Teatro Colón, la Fundación Huésped y Movicom. En 1999 vendió la firma a una compañía del Bank of América en la que se mantuvo como Chief Technology Officer hasta 2001. Invirtió buena parte de los dólares que ganó en los campos puntanos que hoy foresta, convencida por su esposo, Juan Carlos Marini, con quien compartió los proyectos independientes en el sector de la informática y ahora encara la producción agropecuaria. "El siempre quiso tener campo. Yo no. Yo soy campeona de triciclo en el balcón. Pensaba: esto del campo no me va a gustar", recuerda Alicia. Sin embargo, se convirtió en entusiasta forestadora y en productora de frutas para untar, un alimento original en la Argentina. En abril de este año dejó Buenos Aires y se instaló en el Valle de Pancanta. Una vez que el director del proyecto forestal, el consultor Aldo Rudi, estableció prioridades y pusieron manos a la obra, Alicia empleó sus energías en generar otro negocio que financiar la plantación, hasta que llegara a sus manos el subsidio provincial. Notó que había mucho por hacer en el sector de los alimentos, dado que la Argentina se destaca por la calidad de sus materias primas pero no como generadora de valor agregado. Pensó entonces en peras, manzanas, cítricos y frutas de carozo, rubro en el que se distingue la calidad de las cosechas locales. Durante un año y medio investigó las características de las frutas para untar en el mercado internacional. A diferencia de las mermeladas, este producto lleva un mayor porcentaje de fruta y en vez de utilizar azúcar lleva mosto concentrado y rectificado de uva. A su vez, la fruta no se deshace sino que va cortada y fileteada, de manera que al paladar se disfruta mejor la textura de las materias primas. Empezó buscando en Internet. Después contrató una consultora en comercio exterior. Supo que la Argentina participaba con un 0,9% de las ventas mundiales de jaleas, mermeladas y compotas, que en 2000 totalizaron 656,9 millones de dólares. En el mercado interno, distinguió productos industriales que compiten sin diferenciarse demasiado; productos artesanales "con menos químicos", identificados con la pureza de los alimentos patagónicos, y productos importados de diferentes grados de calidad y precio, promocionados como delicatessen. La estrategia de Estancias Rama fue entonces lograr una confitura acorde con la definición del Código Alimentario Argentino, sin el agregado de químicos, que sería edulcorada con mosto natural de uva y que, en algunos casos, llevaría también pectina natural de frutas (para lograr mayor consistencia). Para llegar a la formulación y la definición de procesos para una producción de media escala, contrató al Instituto Superior Experimental de Tecnología de Alimentos, ubicado en Nueve de Julio. Los sabores serían ciruela, damasco, durazno, frambuesa, frutilla, higo, limón, manzana, membrillo, naranja, pelón, pera, pomelo, tomate, uva, zanahoria y limón, zapallo y limón, zapallo y manzana, zapallo y naranja. También se decidió que la proporción de fruta fileteada sería superior al 55% de la mezcla inicial de fruta con jugo de uva, y que sólo se utilizaría fruta de estación. En agosto de 2003 comenzó la comercialización de las Frutas para Untar Estancias Rama en Falabella, Jumbo, Wall-Mart, London Suplí, El Barreal, y otros comercios gourmet. A principios de 2004 la empresa empezó a vender pequeñas cantidades en Gourmet Glamour, un reconocido comercio portugués, a 6,5 euros la línea natural y a 6,9 euros la línea light (cifras que superan en mucho los precios que logran en el mercado interno). Uno de los principales objetivos a corto plazo es llegar a Estados Unidos, Brasil, los Países Bajos y Asia. Hasta el momento la producción es de 27.000 frascos (de 260 gramos) y la facturación mensual alcanza los 12.000 pesos. Turismo rural entre mineros LA CAROLINA, San Luis (De una enviada especial).- En este pueblito, ubicado a 83 km de la ciudad capital, en las sierras centrales de la provincia, Estancias Rama SA cuenta con la hostería La Posta del Caminante. Según explica Juan Marini, el lugar es una antigua villa minera, de cuyos cerros se extrajo gran cantidad de oro durante los siglos XIX y XX. "Dentro de los terrenos de la hostería se encuentra el socavón principal de la mina donde en tiempos del virrey Sobremonte se extraía el oro que luego era enviado a Potosí. Actualmente está en pie el galpón construido por la West Argentine Gold Company en 1870 como parte de la planta destinada al tratamiento del mineral extraído de la bocamina del socavón central, desde donde se transportaba todo el material sobre una vía de carril de trocha angosta. En este se trituraba y amalgamaba el material para la extracción del oro", explica Marini. El pueblo cuenta con arroyos cristalinos donde los vecinos todavía buscan alguna chispita de oro para cambiarla después por comida en los almacenes locales. Para los visitantes se ofrecen cabalgatas y caminatas entre cañadas y pequeños valles, o participar de un arreo de ganado vacuno desde La Carolina hasta el Valle de Pancanta (unos 8 kilómetros) para disfrutar en destino de un chivito asado. Ruta Provincial N° 9, km 72 - Valle de Pancanta |
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