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La Nación
31 de Diciembre de 2004
Fotos: Soledad Aznarez
Emprendedores todoterreno
http://www.lanacion.com.ar

Alicia Bañuelos y Juan Carlos Marini recibieron el premio LA NACION a la Excelencia Agropecuaria en el rubro Empresario Agroindustrial por la producción de frutas para untar, negocio que les permite financiar su plan forestal en la provincia de San Luis

VALLE DE PANCANTA, San Luis.- Rocas erosionadas por milenios, que captan el agua de lluvia para volcarla lentamente a las pampas de altura, le dan a este lugar una belleza extraña, capaz de impresionar al más apático de los viajeros. Aquí, Alicia Bañuelos y Juan Carlos Marini, socios principales de Estancias Rama SA, crearon un polo forestal que generará beneficios de diversa naturaleza: protegerá la cuenca del Río V, a través de su principal afluente, el río Grande, que atraviesa la propiedad; captará carbono atmosférico y permitirá a la empresa participar del mercado internacional de los Bonos Verdes, y producirá madera de alta calidad.

Este emprendimiento está asociado al turismo rural y a la producción de frutas para untar, actividades que financiarán la plantación hasta que el gobierno puntano devuelva cerca del 80% de la inversión, según establece la ley provincial 4884 (1991). Fue justamente por la creación de ese producto gourmet que Alicia Bañuelos obtuvo el Premio a la Excelencia Agropecuaria de LA NACION, en la categoría Empresario Agroindustrial. Ubicado a unos 70 kilómetros al norte de la ciudad capital, a 1650 metros sobre el nivel del mar, el establecimiento abarca unas 2200 hectáreas, sobre el valle que ocupa el Cordón Central de las Sierras de San Luis, una de las formaciones más antiguas del país. Aquí llueven alrededor de 900 mm al año (el valle es menos seco que el resto de la provincia), las temperaturas estivales no superan los 30° C y las invernales pueden alcanzar los -10 grados.

En este irregular terreno, constantemente interrumpido por arroyos, cárcavas profundas y formaciones rocosas de gran altura en permanente degradación, la estrategia es definir los espacios puntuales para cada especie arbórea, de manera que éstas aprovechen los recursos disponibles o solucionen problemas preexistentes, mejoren el entorno y favorezcan a las especies de más alto valor forestal. El desafío es crear un ambiente forestal donde no existían antecedentes en la materia.

Para identificar con facilidad las áreas con diferente aptitud primero utilizaron estacas de colores y después los mismos plantadores fueron capaces de distinguir a qué lugares corresponde cada especie. Al final, se construyó un mapa con la ayuda de un GPS para volcar la información sobre especies y superficie forestada.

"El mejor destino para estos suelos es la forestación, acompañada de clausura en sectores críticos, de obras de arte y peines o rastrillos en cabeceras de cauces de cárcavas existentes", explicó el director técnico del proyecto, Aldo Rudi.

Esto significa que la plantación contribuirá a controlar el escurrimiento de las máximas precipitaciones, reteniendo el agua lo máximo posible en sus lugares de origen y manejando los excesos estacionales en beneficio de los bosques y de la cuenca en general. Al mismo tiempo evitará el arrastre de material y el empobrecimiento de los suelos, y los daños que producen las crecidas y torrentes incontrolables.

Optimizar el uso de los suelos

Hasta el momento los productores lograron forestar 750 ha con unos 550.000 árboles de 55 especies. Entre ellas se cuentan: abedul, acacia blanca de Hungría, alerce europeo, álamos, cerezos, arces, cipreces, fresnos, eucaliptus, cedro, nogales, cohiue, pinos (los más utilizados son el ponderosa y el elliottii), roble de eslabonia, sauces y sequoias. Esta diversidad disminuye la ocurrencia de ataques masivos de plagas y enfermedades.

"El pino ponderosa se adapta a las superficies rocosas, es capaz de disgregar la piedra por su sistema radicular asociativo con hongos y bacterias, y a su vez agrega materia orgánica a un suelo mineral. El sauce y el ciprés calvo, en cambio, son ideales para humedales. Las maderas preciosas necesitan valles y cañadas de suelos profundos", explicó Rudi.

El objetivo de Bañuelos y Marini es cubrir unas 1500 hectáreas, para lo cual tendrán que generar ingresos con actividades paralelas. Cada hectárea supone una inversión de 1000 dólares y la provincia sólo otorga el subsidio no reintegrable a los tres años de la plantación.

El monto entregado varía según las especies: desde $ 3735 por hectárea de salicáceas a $ 2603 por hectárea cubierta con especies de alto valor maderero. En rigor, la provincia otorga un 80% de esas cifras y si el pago fuera al contado, se entrega finalmente el 80% de esa cantidad. Esto alcanza para cubrir las dos terceras partes del costo de la implantación. En el camino, el productor habrá hecho frente a fracasos por heladas o por la inadaptación de ciertas especies al lugar. Los subsidios no cubren estos riesgos, sólo premian la plantación lograda.

Más adelante, la posibilidad de certificar la captación de carbono atmosférico en la forestación, tal como establece el Mecanismo de Desarrollo Limpio, incluido en el Protocolo de Kyoto, y de comerciar los Bonos Verdes, le aportará a la empresa ingresos suficientes para mantener la sanidad y la calidad de la masa forestal y aumentar sustancialmente la rentabilidad del negocio.

Los cortes de mayor valor serán aserrados en el establecimiento (para lo cual invertirán más adelante en maquinaria y en los sistemas de tratamiento de la madera). Algunas especies serán cosechadas a los 10 años y otras a los 30-35 años. El mercado de San Luis y Mendoza absorberá buena parte de la producción, pero los cortes más valiosos se destinarán a la exportación. "Un pie cuadrado de madera de fresno o acacia supera en aserradero el $ 1,5 mientras que un pie cuadrado de pino apenas llega a los $ 0,30 (aunque en el caso de maderas libres de nudos puede llegar a duplicar el precio)", señaló Rudi.

Pronóstico reservado

Para largarse a forestar y a producir frutas para untar, Alicia Bañuelos reconoce que tuvo que sobreponerse a los más oscuros pronósticos de su entorno cercano. Su testimonio da una idea de lo que para ella supone convertirse en emprendedor.

"Mi mamá, que no tiene ninguna maldad, me decía: «Esto va a fracasar. La gente no va comprar un producto tan caro, hay muchos estafadores?». Ella cree que alertándome sobre las terribles cosas que tiene la vida voy a estar mejor preparada para enfrentar el fracaso casi seguro que sobrevendrá. Esa fatalidad es lo que frena a muchos antes de empezar. En realidad, uno tiene que mentalizarse para sobrellevar hasta el pronóstico adverso de la propia madre", dijo.

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Ruta Provincial N° 9, km 72 - Valle de Pancanta
(5701) San Luis - Argentina
TE: +54 2652 447480 Fax:+54 2651 490223
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